A PROPÓSITO DEL TPP 11: TIEMPO DE TRANSITAR DESDE EL ÉXITO AD EXTRA A LA IMPLEMENTACIÓN AD INTRA EN CHILE

No es exceso decir que la gran mayoría de los chilenos nos enteramos de los Tratados de Libre Comercio suscritos por Chile cuando se informa en el noticiario del solemne Acto de Firmas de Mandatarios o Cancilleres. Hasta ahora, la práctica demuestra que salvo para un escasísimo porcentaje de la ciudadanía chilena, el conocimiento de ellos se limita a los esos sucintos, escasos, y efímeros minutos de televisión.

Lo paradójico es que revisada la letra y espíritu de todos aquellos instrumentos de integración (que así se denominan en genérico estos acuerdos), podemos desprender que el motor de su existencia, y sobre todo suscripción, es la creación de nuevas y mejores oportunidades para beneficiar a todos aquellos –y aquellas- que más lejos estamos de ellos, aquellos y aquellas que más los desconocemos, pero, que al mismo tiempo ya fuimos alcanzados por la presunción de que ser conocidos por su publicación en el diario oficial.

En efecto, para ejemplo dos casos emblemáticos: el Considerando 10 del TLC con EEUU “Crear nuevas oportunidades de empleo y mejorar las condiciones laborales y  los niveles de vida en sus respectivos territorios”. A su turno, el Considerando 4 del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea expresa: “La necesidad de fomentar el progreso económico y social de sus pueblos, teniendo en cuenta el principio del desarrollo sostenible”

Desde inicio de la década de los 90, Chile ha sido particularmente proactivo, y porqué no decirlo, exitoso en el ámbito ad extra (es decir de cara al mundo), en su política de apertura comercial internacional. Se han desarrollado todas las líneas de integración económica tradicional y también otras más sofisticadas y aspiracionales (como la política con la UE por ejemplo), haciendo énfasis en la negociación y suscripción de variados tipos y estirpes de instrumentos de integración con otras soberanías, pero además con bloques o conglomerados internacionales, lo que le ha valido su posicionamiento, pese al tamaño de nuestro mercado, como un interlocutor válido en el orbe, una pieza interesante de cualquier estrategia comercial, confirmándolo como un invitado-socio de privilegio en cualquier mesa extranjera.

Los resultados son objetivos, las cifras evidentes y con propiedad puedo decir que pertenecemos al país más exitoso en lo que se refiere a la suscripción de acuerdos de esta especie (28 y ad portas del 29), no sólo por la importancia y variedad de nuestros socios, sino también por el atractivo contenido de cada uno de los instrumentos. De cara al mundo, hemos sido exitosos. Sin embargo, creo que se hace urgente necesidad volcar el texto de los acuerdos hacia el interior de nuestro país y en especial de cara a sus ciudadanos, dicho de otro modo, debemos implementar hacia adentro, ad intra, el importante éxito que hemos tenido de cara al mundo, es decir, en el ámbito ad extra. No hacerlo, y a tiempo, mantendrá la utilización y provecho de las ventajas comparativas de sus contenidos radicadas en el minimísimo porcentaje de personas (especialmente jurídicas, que se estiman en no es más del 3 ó 4%) que los ha usado desde su incorporación en nuestro ordenamiento jurídico y económico. “Todo para usted, pero sin usted.” rezaría un slogan parafraseando aquel otro prerevolucionario francés.

Porque, ¿qué importancia tiene generar instrumentos que por objetivo final tienen la producción de oportunidades de crecimiento social e individual si sus principales beneficiarios, los ciudadanos, ni siquiera tienen idea de su existencia y contenido?

Cometemos un grave error al cegarnos –o mantenernos en cierto modo ciegos- con las invitaciones que recibe Chile al foro internacional sin haber previa, o coetaneamente, desarrollado estrategias que le permitan acercar tales éxitos a su propia ciudadanía.

El mejor ejemplo de esta experiencia y sus muy nefastos efectos  se produjo en el seno mismo de la Unión Europea, cuando después del tratado de Mastricht en 1992 los propios europeos comenzaron a rechazar el proceso de integración por la lejanía que existía entre ellos y las normas y políticas que los tenían a ellos mismos por beneficiarios. La lección fue asumida y el acercamiento de la Unión a los ciudadanos europeos ha sido el motor de las estrategias de crecimiento de las instituciones comunitarias. No son casualidad las campañas de difusión permanente de los derechos y/o beneficios que se integran al catalogo ya amplio de sus ciudadanos y que alcanzan a todo aquel foráneo que accede a sus fronteras.

Debemos desarrollar estrategias de difusión e instrucción acerca de los instrumentos sucritos y las oportunidades que nos brindan, me parece que el paso siguiente consiste en la generación de una concreta y definida implementación de cara a sus ciudadanos de los instrumentos de integración suscritos por Chile.

Pero antes es necesario aligerar los contenidos y los discursos, desenrevesar las normas y explicar de manera simple y amigable lo que hemos logrado, pero además porqué y para quiénes. Seducir al ciudadano de a pie para que asuma un rol activo en la generación de sus propias oportunidades a partir de lo que el Estado ya ha proveído. Estamos en condiciones de tomar lo mejor de lo que hemos hecho hasta ahora y orientar mancomunadamente una forma de evitamiento o menos morigeración de la dependencia de nuestro bienestar interno respecto de los vaivenes económicos internacionales.

No deseo minimizar los esfuerzos realizados por nuestras autoridades, de hecho le boom de los emprendimientos da buena cuenta de lo avanzado. Lo que me interesa es advertir que ya es hora de diseñar políticas tendientes a implementar los acuerdos suscritos, reiterando la  urgente necesidad de acercar a todos los ciudadanos chilenos estas oportunidades creadas exitosamente desde hace casi tres décadas. De paso, se evita que una gran mayoría de chilenos seamos simples receptores de informaciones cruzadas con tantos intencionamientos como intereses públicos o reservados existan. Sin duda es mejor la propia opinión informada.

Entonces, motiva este texto, reflexionar, y en lo posible contribuir a superar, acerca de esta especie de vacío que se ha ido produciendo entre el éxito de la suscripción y el escaso conocimiento, y por ende utilización, generalizada de los mismos. Si tuviese que titular mi pretensión, creo que la llamaría Implementación Transversal de los Acuerdos.

Apuesto con optimismo a que esta mirada poco a poco se instale como prioridad en la elaboración de políticas públicas y confío en que nuestra sociedad civil asuma un rol más proactivo en su propio beneficio.

Termino diciendo que me anticipo con preocupación a un devenir –eventualmente- no deseado después del éxito ya obtenido (si no se tomaren las medidas necesarias de cara a los ciudadanos) porque ayer por unanimidad el Senado acaba de aprobar junto a un sendo protocolo aclaratorio el que –de llegar a afinado término formal y material- constituirá el Acuerdo de Integración Nº 29 suscrito por Chile desde el año 1993*. Me refiero al “TPP 11” que es el llamado Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico y que ha generado una desatada guerra mediática sobre beneficios y perjuicios de su suscripción.

Si no somos capaces de explicar con cierta urgencia el deber del Estado de informar debidamente a los ciudadanos acerca de qué es lo que se ha logrado, cuáles son los acuerdos o instrumentos de integración que tenemos, porqué se suscribieron, qué ventajas nos ha acarreado su utilización, a quiénes y porqué medios ha beneficiado y seguirá beneficiando, resultará muy difícil evitar, a propósito del TPP11,  una disputa artificial que y nuevamente alejada del ciudadano de a pie.

Será necesario que la implementación incluya una buena instrucción acerca de cómo usar lo que se ha logrado, estoy seguro que los egresados universitarios se alegrarán de saber que los intercambios universitarios están más cerca de lo que imaginan, muchas municipalidades podrían desarrollar programas que sus presupuestos no incluyen y una buena cantidad de pequeños empresarios podrán incrementar su rentabilidad cerrando negocios interesantes en Washington, Madrid o Roma.

La transversalidad dice relación con la no exclusión de los potenciales beneficiarios. Es decir, importa que los agentes que hasta ahora han aprovechado estos acuerdos los sigan utilizando, pues ello implica un beneficio real para nuestra economía. Pero además, debemos sumar a aquellos que, principalmente por desconocimiento, aún no han accedido a los mismos.

La propuesta por ahora es simple, conectar de manera directa, concreta y real a los instrumentos de integración con los ciudadanos y ciudadanas chilenas a fin de que se haga ejercicio real de las especializadas oportunidades contenidas en ellos.

 

 

* Hasta la fecha tenemos Tratado de Libre Comercio con Argentina (2019), Australia (2009), Japón, China (2006), Colombia (2009), Panamá (2008), Estados Unidos (2004), Canadá (1997), México (1999), Corea del Sur (2004), Centro América (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica), Hong Kong (2004), Tailandia (2015), Turquía (2011), Uruguay (2018) y Vietnam (2014); hemos suscrito Acuerdos de Complementación Económica con Bolivia    (1993), con Cuba (2008) con Ecuador (2010), con Mercosur (1996), con Perú (2009), Venezuela (1993); Acuerdos de Asociación Económica con Japón (2007) y el grupo denominado P4 (Nueva Zelanda, Singapur, Brunei Darussalam y Chile); finalmente, sólo un Acuerdo de Asociación, el celebrado con la Unión Europea en el año 2003.